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Infancia

Violencia vicaria: formas que no dejan marcas visibles

Ejemplos de violencia vicaria no física: amenazas, control, interferencias en cuidados y uso de las criaturas para dañar a su madre.

Acuarela de una madre y dos criaturas unidas por un hilo dorado frente a líneas enredadas y una sombra distante.

La violencia vicaria no siempre deja una lesión física visible. También puede ejercerse mediante amenazas, control, humillaciones, interferencias en los cuidados o el uso de las hijas y los hijos para prolongar el daño hacia su madre. La falta de una marca visible no convierte esas conductas en inofensivas.

Documento de referencia: Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género, ¿Qué es la violencia vicaria? Versión en lectura fácil, consultado el 3 de agosto de 2026. Sus ejemplos son divulgativos: identificar una conducta aislada no sustituye una valoración profesional del contexto y del riesgo.

Ejemplos de violencia vicaria no física

La guía oficial recoge distintas formas de utilizar a las criaturas para causar daño a la mujer. Entre ellas están amenazar con quitárselas, interrumpir tratamientos médicos cuando están con el agresor, utilizar las recogidas y entregas para insultar o amenazar a la madre y hablar mal de ella o de su familia delante de sus hijas e hijos.

Estas conductas pueden agruparse para entender mejor cómo funciona el patrón.

Amenazar con la separación o con causar daño

Frases que anuncian que una madre no volverá a ver a sus hijas e hijos, que perderá su custodia o que algo malo les ocurrirá pueden convertirse en una forma de control. El centro de la amenaza no es solo lo que se dice: es el miedo que se busca provocar y la utilización de la relación maternofilial como punto de presión.

No toda discrepancia sobre cuidados o convivencia es violencia vicaria. Lo relevante es el contexto de violencia de género y el objetivo de perjudicar o controlar a la mujer mediante sus familiares o allegados menores de edad, formulación incorporada al artículo 1.4 de la Ley Orgánica 1/2004 por la LOPIVI.

Interferir en cuidados y necesidades de la infancia

Detener o dificultar un tratamiento, ignorar necesidades relevantes o usar decisiones cotidianas de cuidado como terreno de castigo puede afectar directamente a la niña o al niño y, a la vez, buscar dañar a la madre.

Conviene evitar dos errores: minimizarlo porque no existe agresión física visible y diagnosticar desde fuera una situación concreta. Las necesidades de salud y protección deben ser valoradas por los servicios profesionales competentes, con documentación y atención al interés superior de la persona menor de edad.

Convertir las comunicaciones y entregas en espacios de control

Las llamadas, mensajes, recogidas o devoluciones pueden utilizarse para mantener insultos, amenazas, vigilancia o humillación. En esas situaciones, la infancia queda situada dentro del conflicto y puede recibir directamente el impacto emocional de lo que presencia o escucha.

La guía Veo, veo de la Federación de Mujeres Progresistas, dirigida a operadores jurídicos, insiste en la necesidad de observar la violencia contra la infancia con perspectiva de género y sin reducir el análisis a una lesión física aislada.

Dañar el vínculo protector con la madre

Desacreditar de forma continuada a la madre delante de sus criaturas, hacerlas portadoras de mensajes intimidatorios o colocarlas bajo presión para obtener información puede erosionar su seguridad emocional. El daño no consiste en que una niña o un niño «elija un bando», sino en imponerle una carga que no le corresponde y utilizar su vínculo afectivo como herramienta.

Escuchar a la infancia no significa interrogarla, hacerla decidir entre progenitores ni trasladarle la responsabilidad de resolver una situación adulta. Su voz debe recogerse de una forma adaptada a su edad y madurez, sin presiones y por profesionales capacitados cuando proceda.

Señales para observar sin convertirlas en una lista de diagnóstico

Un ejemplo general puede ayudar a reconocer una dinámica, pero no prueba por sí solo qué ocurre en un caso real. Para valorar el riesgo importa observar:

  • si las conductas se repiten o aumentan;
  • si aparecen amenazas explícitas o implícitas;
  • si la niña o el niño muestra miedo o carga con mensajes de personas adultas;
  • si se interfieren cuidados, tratamientos o comunicaciones protectoras;
  • si las conductas forman parte de un contexto de control o violencia contra la madre.

Documentar hechos concretos —fecha, comunicación, incidencia y respuesta recibida— puede ser más útil que etiquetar la situación sin apoyo profesional. La documentación debe conservarse de forma segura y sin exponer públicamente datos de menores ni de procedimientos privados.

La ausencia de marcas no es ausencia de impacto

La LOPIVI define de forma amplia la violencia sobre la infancia: incluye el maltrato psicológico o emocional, las amenazas, las humillaciones, el trato negligente y la presencia de comportamientos violentos en el ámbito familiar. Por eso la protección no puede activarse únicamente cuando existe una lesión visible.

Las estadísticas de víctimas mortales son esenciales, pero no recogen estas manifestaciones. En nuestro análisis sobre qué miden las estadísticas oficiales de violencia vicaria explicamos esa diferencia metodológica.

Si necesitas ordenar una situación o localizar ayuda, consulta por dónde empezar si necesitas orientación. Ante un peligro inmediato para una mujer o una criatura, la prioridad es llamar al 112.


Esta información es divulgativa y no sustituye una valoración jurídica, psicológica, sanitaria o social profesional. Madres Protectoras Madrid es un colectivo voluntario de apoyo entre madres; no es un servicio de emergencias.